Terror

A Mascara da Morte Rubra: Resumo do Conto de Poe

No fim do salão negro pende um relógio de ébano, e a cada badalada a festa inteira congela como se ouvisse algo se aproximar. Mil nobres dançam atrás de muros trancados, certos de que a peste ficou do lado de fora. Mas há uma figura vestida de cadáver entre os convidados, e ela não foi convidada.

Jonathan MachadoJonathan Machado
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A1 · Iniciante
PT

A Morte Rubra devastava o país havia meses. Nenhuma peste fora tão veloz, tão impiedosa. Começava com dores agudas, uma tontura súbita, e depois o sangue brotava nos poros do rosto como uma máscara escarlate que ninguém podia esconder. Em meia hora, tudo terminava. Os campos estavam cheios de silêncio, e o silêncio cheirava a fim de mundo.

ES

La Muerte Roja asolaba el país desde hacía meses. Ninguna peste había sido tan veloz, tan despiadada. Empezaba con dolores agudos, un mareo repentino, y después la brotaba en los poros del como una escarlata que nadie podía esconder. En media hora, todo terminaba. Los campos estaban llenos de silencio, y el silencio olía a fin del mundo.

PT

O príncipe Próspero, porém, não conhecia o medo. Quando metade dos seus súditos já havia tombado, ele reuniu mil amigos entre os mais alegres e robustos da corte e levou-os para uma de suas abadias fortificadas, isolada no meio das colinas. Os muros eram altos e largos. Os portões, de ferro maciço. Os cortesãos trouxeram fornalhas e martelos pesados e soldaram os ferrolhos por dentro, jurando que nenhuma loucura, nenhuma porta, jamais voltaria a se abrir.

ES

El príncipe Próspero, sin embargo, no conocía el . Cuando la mitad de sus súbditos ya había caído, reunió a mil amigos entre los más alegres y robustos de la corte y los llevó a una de sus abadías fortificadas, aislada en medio de las colinas. Los eran altos y anchos. Los portones, de hierro macizo. Los cortesanos trajeron hornos y martillos pesados y soldaron los cerrojos por dentro, jurando que ninguna locura, ninguna puerta, jamás volvería a abrirse.

PT

Lá fora, o mundo que se virasse. A abadia tinha comida farta, vinho, bobos da corte, bailarinos, músicos, beleza. Próspero providenciara tudo, e o resto que apodrecesse além dos muros. Era loucura sofrer ou pensar lá dentro. Por isso a corte dançava, ria, e fingia não ouvir os sinos distantes que tocavam pelos mortos no vale.

ES

Afuera, que el mundo se las arreglara solo. La abadía tenía comida abundante, vino, bufones, bailarines, músicos, belleza. Próspero lo había provisto todo, y lo demás que se pudriera más allá de los . Era una locura sufrir o pensar allí dentro. Por eso la corte bailaba, reía y fingía no oír las distantes que tocaban por los s en el valle.

PT

Foi no quinto ou sexto mês desse encerramento que o príncipe ofereceu o mais esplêndido baile de máscaras de que se teve notícia. Mas, antes de falar da festa, é preciso falar das salas. Eram sete, dispostas numa enfilada estranha, torta, de modo que de um cômodo só se enxergava o seguinte. A cada poucos passos, uma curva fechada e uma janela gótica alta, debruçada sobre um corredor que acompanhava os aposentos.

ES

Fue en el quinto o sexto mes de aquel encierro cuando el príncipe ofreció el más espléndido baile de s del que se tuvo noticia. Pero, antes de hablar de la fiesta, es preciso hablar de las salas. Eran siete, dispuestas en una hilera extraña, torcida, de modo que desde un cuarto solo se veía el siguiente. Cada pocos pasos había una curva cerrada y una gótica alta, asomada a un corredor que seguía los aposentos.

PT

Cada sala tinha uma cor única, e tudo nela obedecia a essa cor: as tapeçarias, os ornamentos, os móveis. A primeira era azul, e seus vitrais eram azuis. A segunda, púrpura. A terceira, verde. A quarta, laranja. A quinta, branca. A sexta, violeta. E a luz não vinha de dentro: de cada janela, no corredor externo, um braseiro lançava seu brilho através dos vidros coloridos, tingindo os cômodos de fulgores fantásticos.

ES

Cada sala tenía un único color, y todo en ella obedecía a ese color: los tapices, los adornos, los muebles. La primera era azul, y sus vidrieras eran azules. La segunda, púrpura. La tercera, verde. La cuarta, naranja. La quinta, blanca. La sexta, violeta. Y la luz no venía de dentro: desde cada , en el corredor exterior, un brasero lanzaba su brillo a través de los cristales de colores, tiñendo los cuartos de fulgores fantásticos.

PT

Mas na sétima sala era diferente. As paredes e o teto eram cobertos de veludo negro, pesado, que descia em pregas até um tapete da mesma cor. E só ali os vitrais não combinavam com o aposento: eram de um vermelho profundo, cor de sangue. Nenhum dos convidados ousava pôr os pés naquela sala no fundo de tudo. A luz que atravessava os vidros escarlates sobre as cortinas escuras era medonha, e dava aos rostos um aspecto tão estranho que poucos tinham coragem de entrar.

ES

Pero en la séptima sala era diferente. Las paredes y el techo estaban cubiertos de terciopelo negro, pesado, que caía en pliegues hasta una alfombra del mismo color. Y solo allí las vidrieras no combinaban con el aposento: eran de un rojo profundo, color de . Ninguno de los invitados se atrevía a poner los pies en aquella sala al fondo de todo. La luz que atravesaba los cristales escarlatas sobre las cortinas oscuras era espantosa, y daba a los s un aspecto tan extraño que pocos tenían valor para entrar.

PT

E era nessa câmara que se erguia, contra a parede do poente, um gigantesco relógio de ébano. Seu pêndulo balançava com um tique-taque surdo, monótono, pesado. E quando a hora chegava, das suas entranhas de bronze saía um som claro, alto, profundo, de uma musicalidade tão singular que, a cada hora, os músicos da orquestra eram obrigados a parar para escutá-lo. A valsa morria no ar. Por alguns instantes, todos ficavam imóveis.

ES

Y era en esa cámara donde se alzaba, contra la pared del poniente, un gigantesco de ébano. Su péndulo se balanceaba con un tictac sordo, monótono, pesado. Y cuando llegaba la hora, de sus entrañas de bronce salía un sonido claro, alto, profundo, de una musicalidad tan singular que, a cada hora, los músicos de la orquesta se veían obligados a parar para escucharlo. El vals moría en el aire. Por unos instantes, todos quedaban inmóviles.

PT

Enquanto as badaladas ecoavam, até os mais alegres empalideciam, e os mais velhos passavam a mão pela testa, como quem desperta de um sonho confuso. Mas, mal cessava o eco, um riso nervoso percorria a multidão. Os músicos se entreolhavam e sorriam da própria tolice, e juravam baixinho que o próximo toque não os comoveria. E então, depois de sessenta minutos, o relógio voltava a soar, e de novo vinham a palidez, o tremor, o devaneio.

ES

Mientras las campanadas resonaban, hasta los más alegres palidecían, y los más viejos se pasaban la mano por la frente, como quien despierta de un sueño confuso. Pero, apenas cesaba el eco, una risa nerviosa recorría a la . Los músicos se miraban y sonreían de su propia tontería, y juraban en voz baja que el próximo toque no los conmovería. Y entonces, después de sesenta minutos, el volvía a sonar, y de nuevo venían la palidez, el temblor, el delirio.

PT

Apesar disso, a festa era um esplendor delirante. O gosto do príncipe era estranho, e ele mesmo dispusera os figurinos. Havia trajes grotescos, brilhos e arabescos, beleza e capricho, e muito do que poderia causar repulsa. Pelas sete salas movia-se uma multidão de sonhos, retorcendo-se de cor em cor, e a música da orquestra parecia o eco dos seus passos. Tudo girava, e o tempo seguia. Até que o relógio na câmara negra soava outra vez, e por um instante tudo congelava, exceto a voz do relógio.

ES

A pesar de eso, la fiesta era un esplendor delirante. El gusto del príncipe era extraño, y él mismo había dispuesto los disfraces. Había trajes grotescos, brillos y arabescos, belleza y capricho, y mucho de lo que podría causar repulsión. Por las siete salas se movía una de sueños, retorciéndose de color en color, y la música de la orquesta parecía el eco de sus pasos. Todo giraba, y el tiempo seguía. Hasta que el de la cámara negra sonaba otra vez, y por un instante todo se congelaba, salvo la voz del .

PT

Mas na sala negra, no fundo, ninguém entrava agora. A noite escorria, e uma luz mais rubra fluía pelos vidros cor de sangue. A escuridão do veludo apavorava, e quem pisasse naquele tapete escutava o badalar do ébano mais abafado, mais solene do que chegava aos foliões distraídos das outras salas. Aquelas salas fervilhavam, e a vida pulsava febril. E a festa redemoinhava, até que enfim começaram a soar as doze badaladas da meia-noite.

ES

Pero en la sala negra, al fondo, ya nadie entraba. La se escurría, y una luz más roja fluía por los cristales color de . La oscuridad del terciopelo aterraba, y quien pisaba aquella alfombra escuchaba el tañido del ébano más apagado, más solemne de lo que llegaba a los juerguistas distraídos de las otras salas. Aquellas salas hervían, y la vida latía febril. Y la fiesta giraba en torbellino, hasta que por fin empezaron a sonar las doce campanadas de la media.

PT

E então, como acontecera antes, a música parou, a dança parou, tudo ficou imóvel. Mas agora a badalada do sino era longa: doze toques. E talvez por isso, com mais tempo para pensar, mais gente reparou, no meio da multidão, numa figura mascarada que ninguém notara antes. O sussurro da sua presença correu de boca em boca, e logo se ergueu um murmúrio de espanto, depois de horror, de repulsa, de pavor.

ES

Y entonces, como había ocurrido antes, la música paró, el baile paró, todo quedó inmóvil. Pero ahora el tañido de la campana era largo: doce toques. Y quizá por eso, con más tiempo para pensar, más gente reparó, en medio de la , en una figura enmascarada que nadie había notado antes. El susurro de su presencia corrió de boca en boca, y pronto se alzó un murmullo de asombro, después de , de repulsión, de pavor.

PT

A aparição era alta e magra, e estava envolta da cabeça aos pés nos panos de uma mortalha. A máscara que lhe cobria o rosto imitava com tanta perfeição a face rígida de um cadáver que nem o olhar mais atento descobriria o engano. E ainda assim os foliões poderiam ter tolerado tudo aquilo. Mas o mascarado fora longe demais: vestira as roupas da Morte Rubra. Suas vestes estavam salpicadas de sangue, e a testa larga e todo o rosto manchados do escarlate do horror.

ES

La aparición era alta y delgada, y estaba envuelta de la cabeza a los pies en los paños de una mortaja. La que le cubría el imitaba con tanta perfección la cara rígida de un cadáver que ni la mirada más atenta descubriría el engaño. Y aun así los juerguistas habrían tolerado todo aquello. Pero el enmascarado había ido demasiado lejos: vestía las ropas de la Muerte Roja. Sus vestiduras estaban salpicadas de , y la frente ancha y todo el manchados del escarlata del .

PT

Quando os olhos do príncipe Próspero pousaram naquela figura espectral, que se movia lenta e solene entre os dançarinos, ele estremeceu de medo, depois de cólera. "Quem ousa?", gritou, rouco, aos cortesãos a seu lado. "Quem ousa nos insultar com esta zombaria? Agarrem-no e arranquem-lhe a máscara, para sabermos quem enforcaremos ao amanhecer!" Sua voz ecoou clara e forte pelas sete salas, pois o príncipe era um homem ousado, e diante dele os covardes se calaram.

ES

Cuando los ojos del príncipe Próspero se posaron en aquella figura espectral, que se movía lenta y solemne entre los bailarines, se estremeció de , después de cólera. "¿Quién se atreve?", gritó, ronco, a los cortesanos a su lado. "¿Quién se atreve a insultarnos con esta burla? ¡Agárrenlo y arránquenle la , para que sepamos a quién colgaremos al amanecer!" Su voz resonó clara y fuerte por las siete salas, pues el príncipe era un hombre osado, y ante él los cobardes callaron.

PT

Mas ninguém estendeu a mão. A figura, sem pressa, caminhava em direção ao príncipe, e tão pavoroso era o seu mistério que a multidão se abria diante dela. Passou pela sala azul, pela púrpura, pela verde, pela laranja, pela branca, pela violeta, sem que ninguém ousasse detê-la. Foi então que Próspero, enlouquecido de vergonha e fúria, atravessou correndo os seis aposentos, de adaga erguida, e alcançou o intruso já no limiar da câmara negra. Ouviu-se um grito agudo, e a adaga reluzente caiu no tapete escuro. Um instante depois, o próprio príncipe tombou morto.

ES

Pero nadie extendió la mano. La figura, sin prisa, caminaba hacia el príncipe, y tan pavoroso era su misterio que la se abría ante ella. Pasó por la sala azul, por la púrpura, por la verde, por la naranja, por la blanca, por la violeta, sin que nadie se atreviera a detenerla. Fue entonces cuando Próspero, enloquecido de vergüenza y furia, atravesó corriendo los seis aposentos, con la daga en alto, y alcanzó al intruso ya en el umbral de la cámara negra. Se oyó un grito agudo, y la daga reluciente cayó sobre la alfombra oscura. Un instante después, el propio príncipe cayó .

PT

Então, num só rompante de coragem desesperada, a multidão se atirou sobre a sala negra. E ao agarrarem a figura imóvel, que se erguia ereta à sombra do relógio de ébano, recuaram com um arquejo de horror indizível: não havia nada dentro da mortalha, nada por trás da máscara de cadáver. Forma alguma a habitava. E compreenderam, enfim, a presença da Morte Rubra. Ela viera como um ladrão na noite. E um a um os foliões caíram pelos salões manchados de sangue, e cada um morreu na postura desesperada em que tombara.

ES

Entonces, en un solo arranque de coraje desesperado, la se arrojó sobre la sala negra. Y al agarrar la figura inmóvil, que se alzaba erguida a la sombra del de ébano, retrocedieron con un jadeo de indecible: no había nada dentro de la mortaja, nada detrás de la de cadáver. Forma alguna la habitaba. Y comprendieron, por fin, la presencia de la Muerte Roja. Había venido como un ladrón en la . Y uno a uno los juerguistas cayeron por los salones manchados de , y cada uno murió en la postura desesperada en que había caído.

PT

E a vida do relógio de ébano se apagou com a do último dos alegres. E as chamas dos braseiros se extinguiram. E as Trevas, a Ruína e a Morte Rubra estenderam seu domínio infinito sobre tudo.

ES

Y la vida del de ébano se apagó con la del último de los alegres. Y las llamas de los braseros se extinguieron. Y las Tinieblas, la Ruina y la Muerte Roja extendieron su dominio infinito sobre todo.

ESVocabulário da história

Sobre a obra

A Máscara da Morte Rubra (no original, The Masque of the Red Death) é um conto de Edgar Allan Poe publicado em 1842. Em poucas páginas, Poe constrói uma das alegorias mais célebres da literatura de terror: a ideia de que nenhuma riqueza, nenhum muro e nenhuma festa conseguem trancar a morte do lado de fora.

Edgar Allan Poe (1809-1849) foi um escritor norte-americano, mestre do conto de horror e do mistério, e um dos primeiros a transformar a atmosfera, mais do que o susto, na verdadeira matéria do medo. Suas histórias trabalham o silêncio, a cor, o som e a antecipação, e influenciaram tudo o que veio depois no gênero.

Este conto é lembrado especialmente pelas sete salas coloridas e pelo relógio de ébano cuja badalada paralisa a festa: imagens simples que ficam na memória muito tempo depois da leitura.

Perguntas frequentes

A Máscara da Morte Rubra é baseada em uma peste real?

Poe não nomeia uma doença real. A Morte Rubra é uma peste inventada, com sintomas próprios (dores agudas e sangue no rosto), embora muitos leitores associem o clima da história ao medo das grandes epidemias, como a peste e a tuberculose, que marcaram a época do autor.

Por que o relógio de ébano é tão importante no conto?

O relógio na sala negra marca a passagem inexorável do tempo. A cada badalada, a festa inteira para e os convidados empalidecem, como se por um instante lembrassem da morte que tentam ignorar. Ele é o lembrete constante de que o tempo deles está acabando.

O que havia por trás da máscara do intruso?

Nada. Quando a multidão finalmente agarra a figura, descobre que não há corpo algum sob a mortalha nem rosto sob a máscara de cadáver. O intruso era a própria Morte Rubra, que entrou justamente onde todos se julgavam protegidos.