Terror

A Lenda da Mula-sem-cabeca: Origem e Resumo

Toda quinta-feira à noite, quando os cachorros começam a ganir sem motivo, o povoado inteiro apaga as luzes e tranca as portas. Dizem que uma mulher da região carrega uma maldição antiga, e que no escuro dos campos algo galopa cuspindo fogo. Ninguém quer estar do lado de fora quando o tropel se aproxima da estrada.

Jonathan MachadoJonathan Machado
4 min de leitura823 palavras

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A1 · Iniciante
PT

No fim do mundo, onde a estrada de terra morria contra o mato, havia um povoado pequeno de casas baixas. As pessoas trabalhavam a terra de dia e se recolhiam cedo, porque a noite ali era escura de um jeito que a cidade nunca conhece. Não havia postes, apenas o luar e o brilho fraco das janelas. E havia uma regra que ninguém precisava escrever, todos sabiam de cor, na noite de quinta para sexta, ninguém saía de casa.

ES

En el fin del mundo, donde el de tierra moría contra el monte, había un pueblo pequeño de casas bajas. La gente trabajaba la tierra de día y se recogía temprano, porque la allí era de un modo que la ciudad nunca conoce. No había postes de luz, solo la luna y el brillo débil de las ventanas. Y había una regla que nadie necesitaba escribir, todos la sabían de memoria: en la de jueves a viernes, nadie salía de casa.

PT

A moça se chamava Rosa e morava sozinha na última casa antes do campo aberto. Era bonita, de olhos grandes e mãos calejadas, e há tempos as velhas do lugar cochichavam quando ela passava. Diziam que Rosa se envolvera com o padre da capela, coisa proibida, coisa que o céu não perdoa. Rosa nunca respondia. Apenas baixava a cabeça e apertava o passo, como quem carrega um peso que ninguém mais consegue ver.

ES

La muchacha se llamaba Rosa y vivía sola en la última casa antes del campo abierto. Era bonita, de ojos grandes y manos ásperas, y desde hacía tiempo las viejas del lugar cuchicheaban cuando ella pasaba. Decían que Rosa se había enredado con el cura de la capilla, cosa prohibida, cosa que el cielo no perdona. Rosa nunca respondía. Solo bajaba la cabeza y apretaba el paso, como quien carga un peso que nadie más consigue ver.

PT

Numa tarde de quinta, o velho Aparício passou pela cerca de Rosa e a viu sentada na soleira, olhando o sol descer atrás dos morros. Ele sentiu um frio esquisito, embora o dia estivesse quente. Rosa tinha o rosto pálido, quase cinza, e as mãos tremiam sobre o avental. Boa noite, moça, ele disse, meio sem jeito. Ela apenas respondeu, baixinho, tranque bem a sua porta hoje, seu Aparício.

ES

Una tarde de jueves, el viejo Aparicio pasó junto a la cerca de Rosa y la vio sentada en la , mirando el sol bajar detrás de los cerros. Sintió un frío raro, aunque el día estaba caliente. Rosa tenía la pálida, casi gris, y las manos le temblaban sobre el delantal. Buenas s, muchacha, dijo él, un poco incómodo. Ella solo respondió, bajito: cierre bien su hoy, don Aparicio.

PT

O velho seguiu para casa pensando naquilo. À mesa, contou à esposa o que Rosa dissera, e a mulher fez o sinal da cruz sem dizer nada. Lá fora, o céu foi ficando roxo e depois preto, e uma quietude estranha caiu sobre o povoado. Nem os grilos cantavam. Era como se a terra inteira estivesse prendendo a respiração, esperando algo que já sabia que viria.

ES

El viejo siguió hacia su casa pensando en aquello. En la mesa, le contó a su esposa lo que Rosa había dicho, y la mujer hizo la señal de la cruz sin decir nada. Afuera, el cielo se fue poniendo morado y después negro, y un silencio extraño cayó sobre el pueblo. Ni los grillos cantaban. Era como si la tierra entera estuviera aguantando la respiración, esperando algo que ya sabía que iba a llegar.

PT

Foi quando os cachorros começaram. Primeiro um, longe, depois todos, num coro de ganidos agudos que não parecia raiva, e sim medo. Aparício apagou o lampião e chamou a esposa para o quarto dos fundos. Pela fresta da janela, ele viu as casas do povoado se apagando uma a uma, como olhos que se fecham. Ninguém precisava avisar ninguém. Todos já sabiam a hora.

ES

Fue cuando los empezaron. Primero uno, lejos, después todos, en un coro de aullidos agudos que no parecía rabia, sino . Aparicio apagó el candil y llamó a su esposa al cuarto del fondo. Por la rendija de la ventana, vio las casas del pueblo apagándose una por una, como ojos que se cierran. Nadie necesitaba avisar a nadie. Todos ya sabían la hora.

PT

Na casa de Rosa, a luz também se apagou, mas por outro motivo. Dentro do quarto escuro, a moça estava de joelhos no chão de terra, com as unhas cravadas na madeira da cama. Uma dor sem nome subia pela sua espinha, e ela mordia o lábio para não gritar. Sentia o corpo mudar, os ossos se torcerem, e rezava a mesma oração de sempre, sabendo que a oração nunca a salvava.

ES

En la casa de Rosa, la luz también se apagó, pero por otro motivo. Dentro del cuarto oscuro, la muchacha estaba de rodillas en el de tierra, con las uñas clavadas en la madera de la cama. Un dolor sin nombre subía por su espalda, y ella se mordía el labio para no gritar. Sentía el cuerpo cambiar, los huesos torcerse, y rezaba la misma oración de siempre, sabiendo que la oración nunca la salvaba.

PT

Quando o relógio da capela bateu meia-noite, um relincho cortou a noite. Não era o relincho de um cavalo comum. Era um som rouco, furioso, misturado com um estalar de brasa, como se algo estivesse queimando por dentro enquanto corria. Aparício apertou a mão da esposa no escuro. O chão começou a tremer com um tropel pesado que se aproximava pela estrada, cada vez mais perto.

ES

Cuando el reloj de la capilla dio la media, un relincho cortó la . No era el relincho de un caballo común. Era un sonido ronco, furioso, mezclado con un crujir de brasa, como si algo estuviera quemándose por dentro mientras corría. Aparicio apretó la mano de su esposa en la oscuridad. El empezó a temblar con un galope pesado que se acercaba por el , cada vez más cerca.

PT

Pela fresta, contra o negro do campo, ele viu. Uma égua enorme, negra como carvão, galopava furiosa pela estrada de terra. Mas onde deveria estar a cabeça não havia cabeça alguma. Do pescoço aberto saltavam labaredas de fogo, altas e vermelhas, que iluminavam o mato dos dois lados e deixavam no ar um cheiro de coisa queimada. As patas ferravam o chão e faíscas voavam a cada passo.

ES

Por la rendija, contra el negro del campo, lo vio. Una yegua enorme, negra como el carbón, galopaba furiosa por el de tierra. Pero donde debía estar la cabeza no había cabeza alguna. Del abierto saltaban llamas de , altas y rojas, que iluminaban el monte de los dos lados y dejaban en el aire un olor a cosa quemada. Las patas golpeaban el y saltaban chispas a cada paso.

PT

A criatura passou rente à cerca de Aparício, e por um instante a luz do fogo entrou pela fresta e desenhou o rosto do velho, branco de pavor. Ele não respirava. A esposa, ao lado, tinha os olhos fechados com força e os lábios mexendo numa reza muda. O tropel encheu a casa inteira, fez os copos tremerem na prateleira, e depois foi diminuindo, seguindo campo adentro, junto com os relinchos e o brilho vermelho.

ES

La criatura pasó pegada a la cerca de Aparicio, y por un instante la luz del entró por la rendija y dibujó la del viejo, blanca de pavor. No respiraba. La esposa, al lado, tenía los ojos cerrados con fuerza y los labios moviéndose en un rezo mudo. El galope llenó la casa entera, hizo temblar los vasos en la repisa, y después fue disminuyendo, siguiendo campo adentro, junto con los relinchos y el brillo rojo.

PT

Só que naquela noite havia alguém do lado de fora. Um rapaz chamado Tomé, forasteiro, que chegara ao povoado naquele mesmo dia e não sabia da regra. Dormira encostado numa árvore perto da estrada, e o tropel o acordou de supetão. Quando abriu os olhos e viu aquilo vindo em sua direção, o corpo inteiro congelou. Havia lido histórias, mas nada o preparara para o cheiro, para o calor, para o relincho.

ES

Solo que aquella había alguien afuera. Un joven llamado Tomás, forastero, que había llegado al pueblo ese mismo día y no sabía de la regla. Se había dormido apoyado en un árbol cerca del , y el galope lo despertó de golpe. Cuando abrió los ojos y vio aquello viniendo en su dirección, el cuerpo entero se le congeló. Había leído historias, pero nada lo había preparado para el olor, para el calor, para el relincho.

PT

Uma voz antiga voltou à sua memória, algo que uma avó lhe contara na infância. Para quebrar o feitiço, dizia a lenda, era preciso coragem, tirar o freio da boca do animal ou fazer brotar uma única gota de sangue. Tomé olhou para a faca pequena no seu cinto e sentiu as pernas fraquejarem. A égua sem cabeça estava a poucos passos, e o fogo do pescoço queimava tão perto que ele sentia o rosto arder.

ES

Una voz antigua volvió a su memoria, algo que una abuela le había contado en la niñez. Para romper el hechizo, decía la leyenda, hacía falta : quitar el freno de la boca del animal o hacer brotar una sola gota de . Tomás miró el cuchillo pequeño en su cinturón y sintió las piernas flaquear. La yegua sin cabeza estaba a pocos pasos, y el del quemaba tan cerca que él sentía la arder.

PT

No último instante, quando a criatura passou por ele, Tomé fechou os olhos e riscou o ar com a faca. Sentiu a lâmina tocar de leve o couro quente do animal. Uma única gota escura escorreu, e o mundo pareceu parar. O relincho furioso virou um gemido humano, longo e triste. O fogo se apagou de repente, como uma vela soprada, e uma escuridão total engoliu a estrada inteira.

ES

En el último instante, cuando la criatura pasó junto a él, Tomás cerró los ojos y rasgó el aire con el cuchillo. Sintió la hoja tocar apenas el cuero caliente del animal. Una sola gota escurrió, y el mundo pareció detenerse. El relincho furioso se volvió un gemido humano, largo y triste. El se apagó de repente, como una vela soplada, y una oscuridad total se tragó el entero.

PT

Tomé caiu sentado no chão, tremendo, sem entender o que tinha visto. Onde antes galopava a égua de fogo, agora havia apenas o silêncio e o vento frio da madrugada. Ele ficou ali, encolhido, esperando o dia nascer, sem coragem de se mover. Aos poucos, os cachorros pararam de ganir. E o povoado, atrás das portas trancadas, aos poucos voltou a respirar, sem saber que a maldição fora tocada de perto.

ES

Tomás cayó sentado en el , temblando, sin entender lo que había visto. Donde antes galopaba la yegua de , ahora había solo el silencio y el viento frío de la madrugada. Se quedó allí, encogido, esperando que naciera el día, sin para moverse. Poco a poco, los dejaron de aullar. Y el pueblo, detrás de las s cerradas, poco a poco volvió a respirar, sin saber que la maldición había sido tocada de cerca.

PT

Quando o sol subiu por trás dos morros, o velho Aparício abriu a porta com cuidado e olhou a estrada. No chão de terra, ainda marcado pelas patas, estava Rosa, deitada e desmaiada, com a roupa rasgada e os pés sujos de barro. Ele a levou para dentro e a esposa cuidou dela. Rosa acordou horas depois, confusa, sem lembrar de nada, apenas com um corte fino no braço que não sabia explicar.

ES

Cuando el sol subió por detrás de los cerros, el viejo Aparicio abrió la con cuidado y miró el . En el de tierra, aún marcado por las patas, estaba Rosa, acostada y desmayada, con la ropa rasgada y los pies sucios de barro. Él la llevó adentro y su esposa la cuidó. Rosa despertó horas después, confusa, sin acordarse de nada, solo con un corte fino en el brazo que no sabía explicar.

PT

Ninguém contou a ela o que acontecia nas noites de quinta. E Tomé, o forasteiro, foi embora antes do meio-dia, calado, levando para sempre a lembrança daquele fogo no escuro. Dizem no povoado que a maldição de Rosa nunca mais voltou depois daquela noite. Mas nas quintas-feiras, quando os cachorros ganem sem motivo, as velhas ainda fazem o sinal da cruz e trancam bem as portas, só por garantia.

ES

Nadie le contó lo que pasaba en las s de jueves. Y Tomás, el forastero, se fue antes del mediodía, callado, llevándose para siempre el recuerdo de aquel en la oscuridad. Dicen en el pueblo que la maldición de Rosa nunca más volvió después de aquella . Pero los jueves, cuando los aúllan sin motivo, las viejas todavía hacen la señal de la cruz y cierran bien las s, solo por si acaso.

ESVocabulário da história

Sobre a obra

A Mula-sem-cabeça é uma das figuras mais conhecidas do folclore brasileiro, presente em relatos de todas as regiões do país, especialmente no interior. A lenda costuma explicar a origem da criatura como uma maldição que recai sobre a mulher que se envolve com um homem consagrado à igreja, tema que revela muito sobre os medos e os valores morais das comunidades rurais antigas.

As versões variam de lugar para lugar, mas quase todas guardam os mesmos elementos, a transformação nas noites de quinta para sexta, o galope furioso pelos campos, as labaredas que saltam do pescoço e o feitiço que só se quebra com coragem, tirando o freio ou fazendo brotar uma gota de sangue. É uma história de assombração transmitida oralmente por gerações, que serve tanto para assustar quanto para ensinar.

Esta recontagem preserva o coração da lenda e sua atmosfera de medo do interior, apostando no suspense e no clima noturno em vez do exagero, para que a força do folclore chegue ao leitor pelo silêncio, pelo tropel e pelo brilho vermelho no escuro.

Perguntas frequentes

Por que a mulher vira mula-sem-cabeça na lenda?

Na versão mais tradicional do folclore brasileiro, a maldição recai sobre a mulher que se envolve com um padre, ou seja, com um homem consagrado à igreja. Como punição, ela se transforma em mula furiosa e sem cabeça nas noites de quinta para sexta, galopando pelos campos com fogo saltando do pescoço, e ao amanhecer volta a ser mulher sem lembrar de nada.

Como se quebra o feitiço da mula-sem-cabeça?

Segundo a lenda, é preciso muita coragem. O feitiço só se desfaz se alguém corajoso conseguir tirar o freio da boca do animal ou fazer brotar uma única gota de sangue. Feito isso, a criatura volta a ser humana e, em muitas versões, a maldição não retorna.

Esta história tem cenas de violência forte?

Não. A recontagem foi feita com terror de atmosfera e suspense, construindo o medo pelo silêncio, pelo som do tropel e pelo brilho do fogo no escuro, sem cenas gráficas ou sangrentas. É indicada para leitores adultos que gostam de folclore e clima de assombração.